8 Claves para educar en un consumo responsable

Yo quiero. ¿Me lo compras? ¡Regalámelo! La mayoría de niños viven en un universo en el que cualquier capricho o necesidad se satisface casi al instante. En esta sociedad orientada al consumo es importante marcarles a los menores algunas pautas para que aprendan a consumir de forma responsable.

Es Eco, es Lógico

11 septiembre 2017

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Para cada cosa que necesitamos existe un producto o servicio adecuado. Y si no existe, siempre habrá alguien que lo invente. Nadie puede negar que vivimos en una sociedad orientada al consumo, a satisfacer nuestras necesidades (o caprichos) de manera inmediata, generando en las personas una insatisfacción constante y queriendo siempre el producto de moda o la última versión de algo que ya tenemos, aunque funcione y esté perfecto.

Esto se traduce en objetos tecnológicos, ropa, cosmética, etc. pero también en actos sociales, como ir a cenar al sitio de moda o la necesidad creada de tener que viajar a la otra punta del mundo cuando tenemos unos días de vacaciones, entre otros.


¿Y qué pasa con los niños?

Cuando uno es adulto es capaz de valorar y analizar los pros y contras de un consumo excesivo o innecesario. Pero, cuando este sentimiento de consumo se traslada a los pequeños de la casa, ese raciocinio todavía no está del todo asentado. Es en ese punto donde, como padres, debemos actuar para formar al consumidor del futuro, un consumidor que no solo compre por impulso, sino que busque unos valores detrás de cada acto de compra.

Y en eso se basa el consumo responsable, que defiende la necesidad de la sociedad de cambiar sus hábitos, intentando ajustarlos a necesidades reales y buscando siempre que esos bienes o servicios adquiridos favorezcan la conservación del medio ambiente y la igualdad social.

En definitiva, el consumo responsable se caracteriza por dar preferencia a las empresas, productos y servicios que respetan el entorno, cuidando siempre la calidad, los materiales usados para la producción y los beneficios para la sociedad. Esto es lo que debemos trasladarles.

 

El ejemplo, el mejor aliado de los padres

Los cumpleaños, los Reyes Magos o incluso, algo tan habitual como ir a hacer la compra al supermercado, puede convertirse en la excusa perfecta para que los niños pidan todo lo que se les ocurre. ¿Les hace falta? Probablemente la mayoría de las veces la respuesta sea ‘no’, pero para razonarles que no pueden, ni necesitan, tener todo aquello que ven, es necesario cundir con el ejemplo. Y, además:


1. Déjales participar en las decisiones de compra. Si les animas a decidir o ven cómo decides tú lo que se compra en el súper, porqué has elegido un producto y no otro, seguro que toman más conciencia. Además, la visita al supermercado también sirve para que aprecien los alimentos frescos de temporada, que suelen ser de origen local y, por tanto, han necesitado de menos recorrido para llegar a la tienda, o la diferencia entre comprar a granel o envasado, donde se usa mucho más plástico para conservar. Son pequeñas acciones que pueden hacer mucho por ellos y por su entorno.

2. Evita el desperdicio. Planificar las compras semanales también nos ayuda a reducir el desperdicio, aprovechando mucho más lo que compramos y evitando tirar alimentos en mal estado.




3. Ten cuidado con el regalo-esfuerzo. Incentivarles con comprarles el juguete que quieren si sacan buenas notas o con ver una película en el cine si se lo comen todo, puede que funcione a corto plazo, pero se nos puede volver en contra. Debemos enseñarles a responsabilizarse de sus tareas sin buscar siempre un beneficio. Igual que tienen derecho, también tienen unas obligaciones. Asociar el buen comportamiento con la obtención de un premio o recompensa, casi siempre material, no les beneficia.

4. Ojo con la paga. Saber administrar el dinero que tienen les ayuda a ser responsables. Tienen que aprender a valorar la importancia del ahorro. Es como un ejercicio práctico que les servirá cuando se hagan mayores.

5. Regalos. Una buena forma de gestionar lo que los niños piden para reyes, el cumpleaños o, incluso, el santo, es dividirlos en 3 partes: uno que necesite, uno para compartir y jugar con los demás y uno que sea un capricho. Evitamos abrumarles con multitud de cosas y les ayuda a valorarlo de otra forma. No se trata de cantidad, sino de calidad.


Compartir momentos de diversión en familia es el mejor consumo y, además, ¡no nos cuesta nada!


6. La importancia de las 3 ‘r’. Reducir, reutilizar y reciclar, es enseñar a los niños a que no todo es de usar y tirar. Aprovechar los envases, reciclar la ropa, utilizar solo el detergente necesario, etc. Hay multitud de acciones que hacen nuestro consumo más eficiente y, además, cuidan el entorno. Tomar conciencia de ello es muy importante.

7. Una piedra. Valorar objetos que, a simple vista, no valen nada, pero nos recuerdan a un día de playa, al olor de la comida de la abuela, a la pintura con la que jugabas de pequeño, etc. Hasta la cosa más pequeña e insignificante puede tener valor y ahí radica la importancia de apreciar las pequeñas cosas.

8. Compartir buenos momentos. Porque no todo lo que necesitamos es material. Al final, un consumo responsable es aquél que no se produce. Compartir momentos de diversión en familia es el mejor consumo y, además, ¡no nos cuesta nada!


El papel de Consum 

Consum es firmante de la red nacional del Pacto Mundial de las Naciones Unidas desde 2011. Anualmente, renueva su compromiso con los 10 principios y los Objetivos del Desarrollo Sostenible. Entre las acciones y proyectos que se llevan a cabo desde la Cooperativa, destacan el programa Profit de gestión responsable de alimentos, la apuesta continua por el cuidado del medio ambiente en todas sus actividades y las más de 75 medidas de conciliación e igualdad para sus trabajadores.