Ponerse a dieta no sirve para nada si una vez finalizada, volvemos a nuestros viejos hábitos alimenticios. Llevar una alimentación equilibrada, sin privarse de nada, es posible. Solo hay que aprender algunas pautas

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18 abril 2017

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Hacer dieta es variar la forma de alimentarse con un objetivo concreto (bajar peso, reducir  el índice de colesterol, aumentar los niveles de hierro, etc.) durante un tiempo determinado. El efecto suele ser pasajero, ya que, una vez logrado el objetivo o superado el momento (por ejemplo el verano o un acontecimiento social) se retoma la alimentación habitual y, por tanto, se acaba regresando al estado inicial. El temido efecto yoyó.

Los nutricionistas rechazan estas soluciones rápidas y puntuales y apuestan por un cambio de estilo de vida que incluya, además de nuevos hábitos de alimentación, la incorporación de la actividad física, respetando las horas de sueño, en función de la edad y las condiciones físicas.

Este cambio de chip respecto a la alimentación no se produce en un día, es una transformación que, para funcionar, tiene que ir calando poco a poco en nuestro día a día. No obstante, hay algunos sencillos consejos que nos pueden ayudar a ponerlo en práctica:

1. SOMOS LO QUE COMEMOS 

Interésate por los nutrientes que aporta cada alimento, para qué sirven, cómo afectan al organismo. Apuesta por los productos frescos siempre que sea posible y acostúmbrate a leer las etiquetas. ‘Somos lo que comemos’ no es sólo una frase hecha, es una forma de aproximarse a los alimentos: elegir unos productos y no otros, buscar calidad, hacer un consumo consciente

2. DESPACITO Y BUENA LETRA 

Saborea cada bocado. Las comidas relajadas son más agradables.  La conversación ayuda a hacer las pausas adecuadas y una buena masticación favorece la digestión. Las prisas o las distracciones, como la televisión, hacen que nos alimentemos de forma automática y poco consciente.


3. UNA VEZ AL AÑO...

Comer mejor no significa privarnos totalmente de los alimentos que más nos gustan. Prohibir determinados productos, sólo hará que tengamos más ganas de tomarlos. Siempre que la cantidad no sea excesiva podemos tomar chocolate, nuestro aperitivo salado favorito o un puñadito de frutos secos.

Hacer dieta es variar la forma de alimentarse con un objetivo concreto durante un tiempo determinado.


4. COMO EN CASA EN NINGÚN SITIO

Siempre que sea posible, es mejor comer en casa, al menos entre semana, ya que los fines de semana puede resultar más complicado. Los alimentos están cocinados de una forma más saludable y la comida se realiza de forma más relajada.  

Cuando  salimos a comer fuera hay que tener en cuenta algunas premisas antes de pedir:

• Si puedes elegir, opta por pescado: es más ligero.
• La preparación del plato, preferentemente, al vapor o a la plancha.
• Cambia de guarnición: ensalada o verduras, mejor que patatas.
• Comparte primer plato o entrante.
• Si no te resistes a pedir postre, mejor compártelo.


5. EL TAMAÑO (DE LA VAJILLA) SÍ IMPORTA      

En los últimos años se ha agrandado el tamaño de la vajilla y con ello el de las raciones. Si regresas a platos más pequeños, por ejemplo el de postre, comerás menos. Se estima que con este gesto puedes dejar de tomar hasta 200 calorías diarias.

Además del tamaño de los platos, también es importante tener en cuenta el tamaño de los vasos que utilicemos. En el caso de zumos, refrescos o alcohol, es importante optar por vasos estrechos y altos, ya que con ellos se ingiere menos líquido.


6. SE COME CON LOS OJOS 

Cuida la presentación del plato. La forma, la disposición y los colores son importantes para que, además de por sabor, el menú nos gane también por la vista. No tomes un solitario filete o un triste trozo de pescado, acompáñalo de verduras o ¿por qué no? de frutas. Las opciones son interminables: lechuga, canónigos, fresas, aguacate, rúcula, tomate, zanahoria, remolacha, espárragos...


7. ¡A PONER LA MESA!

Acostúmbrate a servir los alimentos desde la cocina en sus recipientes correspondientes y no saques el paquete entero, la olla o la sartén a la mesa, o peor aún, al sofá. Te irás sirviendo por encima de la cantidad que necesitas y no controlarás, realmente, cuánto has comido.

Siempre ante cualquier duda relacionada con la alimentación lo recomendable es acudir a los profesionales. Los nutricionistas y los endocrinos son las personas indicadas para guiar cualquier cambio en la alimentación.