Tuyos, míos, nuestros... Las emociones en familias reconstituidas

Se calcula que casi la mitad de parejas que se casan se divorcian y de éstas, aproximadamente el 70% vuelven a formalizar una nueva relación de pareja. Estas nuevas relaciones muchas veces aportan hijos de parejas anteriores. Conseguir una buena convivencia puede ser complicado, pero no imposible. 

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19 abril 2017

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Se conoce como familia reconstituida a la estructura familiar en la que, al menos, uno de los miembros de la pareja aporta algún hijo fruto de una relación anterior.  El punto de partida de esta relación puede deberse a dos causas, una separación/divorcio previo, o el fallecimiento de uno de los cónyuges.

Este tipo de familia implica un gran desafío para sus integrantes, tanto los padres como los hijos deben enfrentar importantes ajustes, crear nuevos vínculos y manejar las emociones con habilidad. Existen estudios que señalan que en estas familias los focos de tensión son significativamente mayores y cualitativamente diferentes.

Por un lado, los miembros de la nueva familia aportan una historia y tradición familiar previa. Los niños, habitualmente, conviven en dos hogares distintos, con normas y funcionamientos diferentes. Y también es necesario generar una red de relaciones familiares muy compleja, ya que unas segundas nupcias pueden llegar a implicar 3 o 4 familias. A pesar de ello, crear un ambiente agradable es posible.

Las relaciones familiares son otro pilar imprescindible para que se consolide la nueva familia.

El primer reto a enfrentar es consolidar el vínculo de pareja, puesto que es el pilar fundamental sobre el que se apoya cualquier estructura familiar. A diferencia de lo que ocurre en las familias de primeras nupcias, en las  reconstituidas puede que cada miembro de la pareja se encuentre en un estado diferente del ciclo familiar. Por ejemplo, mientras uno puede haber satisfecho su faceta parental el otro puede no haber cumplido este deseo.


Otro importante desafío es definir y reorganizar los roles. Algunos padres asumen desde el primer momento el papel de imponer normas y manejar la disciplina del nuevo grupo, en un intento de participación en la crianza de los hijastros. Esta precipitación suele generar resentimientos, así que es necesario trabajar previamente la relación y, cuando se ha creado un vínculo adecuado, asumir dicho papel. La ambigüedad de los roles puede generar muchos conflictos e incertidumbre al nuevo grupo familiar.

Por otra parte, las relaciones familiares son otro pilar imprescindible para que se consolide la nueva familia. Por el llamado ‘mito del amor instantáneo’,  puede que los nuevos cónyuges intenten ganarse la aprobación de los hijastros a toda costa y muy rápidamente. Esto provoca un sesgo en la relación, ya que se evita todo aquello que puede ser conflictivo y, al no poder mantenerlo mucho tiempo, esta situación desemboca en una sensación de ‘chantaje emocional’.

Y por último, la relación con los ex cónyuges puede ser otro foco de tensiones. En muchos casos estas relaciones son muy escasas en un intento equivocado de control de la conflictividad. El sentimiento predominante entre ellos suele ser la hostilidad, lo que contamina a las nuevas parejas. La redefinición de las relaciones con los ex cónyuges es necesaria, especialmente cuando los hijos compartidos no han alcanzado la mayoría de edad.sencillos pero que cuenten con una presentación que despierte la curiosidad y se aleje de la monotonía.


OBJETIVOS QUE DEBE MARCARSE LA FAMILIA CONSTITUIDA 

1. Atender los sentimientos de pérdida, duelo, culpa o celos relacionados con la relación anterior, tanto de la pareja como de los hijos.

2. Dar tiempo a los hijos para ajustarse a la nueva situación. Es conveniente esperar al menos un año desde la ruptura  antes de volver a casarse.
3.Generar en los hijos poco a poco el sentido de pertenencia a la nueva familia, aprovechando puntos de unión y actividades comunes.
Comunicar y decidir sobre problemas pendientes de la relación anterior que podrían afectar a la nueva familia.
5. Desarrollar un estilo de comunicación que permita a todos los miembros de la familia expresar quejas y críticas constructivas.
6. Desarrollar cauces para unas relaciones saludables de los niños con el ex cónyuge y sus familias extensas.
7. Establecer funciones y límites, generar las normas del nuevo hogar.
8. Ajustar las ideas de crianza entre la pareja. Ser consecuentes con las normas y la disciplina, asumir progresivamente el rol por parte del padrastro o madrastra.
9. Pactar sobre temas como la economía y la vivienda. En cuanto al dinero, claridad en las aportaciones comunes y, respecto a la vivienda, siempre es mejor mudarse a una nueva o hacer reforma, si es posible.
10. Establecer progresivamente unas sólidas relaciones familiares, cuidando las necesidades de los hijos, sin usurpar nunca el papel del otro progenitor.