Enséñale que la comida no es un premio

La "alimentación emocional"  consiste en recurrir a la comida en situaciones que nos afectan emocionalmente, tanto negativa como positivamente. Es habitual que los padres utilicen la comida como un sistema de premios y castigos con los niños. Si queremos educar bien a nuestros hijos, debemos evitarlo.

Cuidado infantil

29 marzo 2017

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Puede ser la manera de celebrar cualquier acontecimiento, como el modo en el que intentamos hacer frente a un día estresante, entre otros. 

Estas asociaciones muchas veces tienen su origen en nuestra infancia. Si premiamos a un niño con un dulce cuando está triste, como medio de consolación, es probable que recurra a ellos a lo largo de su vida, cuando se encuentre frente a una situación complicada.

Esta circunstancia, conocida como `alimentación emocional´, provoca una satisfacción momentánea, un placer provisional que tenderá a desaparecer en el momento en el que acabemos de comer. Es importante aprender a diferenciar entre el hambre física y la emocional, y trasladárselo al niño.

LA COMIDA NUNCA COMO PREMIO

Hay que evitar educar al niño a través de la comida, como un sistema de premios y castigos. Que no se generen este tipo de asociaciones hará más fácil prevenir problemas de salud a corto y largo plazo, como pueden ser el sobrepeso y la obesidad, trastornos alimenticios, etc. Para ello, se recomienda buscar otras vías para que el niño pueda hacer frente a situaciones y emociones sin recurrir a la comida.

Hay que evitar educar al niño a través de la comida, como un sistema de premios y castigos.

Además, la comida con la que se suele premiar al niño (helados, golosinas, patatas fritas…) normalmente no es demasiado saludable. Dándoles ‘chuches’, les estamos lanzando el mensaje contrario, haciéndoles percibir que la comida poco saludable es mejor. Este tipo de asociaciones puede que se mantengan a lo largo de toda su vida, haciendo que alimentos con un alto contenido calórico sean su premio o su consuelo. Si pese a todo, se quiere premiar al niño en alguna ocasión, podemos optar por tentempiés más saludables, como brochetas de frutas, por ejemplo.

LA IMPORTANCIA DE LOS BUENOS HÁBITOS

Los niños funcionan muy bien con las rutinas. Se recomienda establecer un horario de comidas evitando que coman a deshoras, así como generar un entorno agradable en la mesa, aprovechando para compartir buenos momentos en familia.

Saber reconocer lo que nos lleva a comer de forma emocional,  puede ayudarnos a conocer el problema y buscar soluciones antes de que los malos hábitos se conviertan en costumbres, muy difíciles de superar en la etapa adulta. La comunicación entre educadores y padres también es fundamental. Algunas de estas conductas pueden ser:

• Antojo por alimentos o tipos de comida específicos.
Ingerir más cantidad de comida que la normal.
• Sentirse culpable por comer.
• Sentir una necesidad urgente por comer.
• Comer fuera de los horarios habituales.
• Comer a escondidas.

CONSEJOS PARA UNA BUENA ALIMENTACIÓN

• Presentar las frutas y verduras con creatividad, para que sean más apetecibles.

• No obligarles nunca a comer, porque puede ser contraproducente. Hablar con ellos y buscar las causas de su rechazo.

• Cocinar con ellos. Si se involucran en la elaboración de recetas, es más fácil que luego se lo coman.

• Evitar distracciones, como la televisión. Les costará más atender a la comida.

• Si comen mucho, proporcionarles platos de poco valor calórico. Y, entre horas, es importante que beban mucha agua.

• No saltarse comidas, sobre todo el desayuno. Llegarán a la siguiente comida con más hambre y tenderán a comer en exceso.

• Dar ejemplo. Si les exigimos que coman de todo,
es importante que vean a los padres comerlo también.