Mirada apreciativa y efecto Pigmalión

¿Sabes el origen del efecto Pigmalión? ¿Conoces la importancia que tiene en la educación y la psicología? Te lo contamos todo sobre este concepto.

Cuidado infantil

15 octubre 2019

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¿Qué es el efecto Pigmalión?

El efecto Pigmalión es lo que se conoce como la influencia que tiene una persona sobre otra, basada en la imagen o creencia que tiene de ella. Por tanto, el efecto Pigmalión puede tener, tanto efectos positivos, como negativos en las personas sobre las que se influye. 

Es decir, si alguien valora, anima o considera que una persona es capaz de alcanzar determinados objetivos, contribuirá a que se genere lo que en psicología se conoce como creencias positivas acerca de esa persona que le permitirán alcanzar objetivos y aumentarán su rendimiento. En cambio, si no se valoran las habilidades o no se confía en una persona, se contribuye negativamente a la autoestima de esa persona y nunca podrá alcanzar sus objetivos.

 El efecto Pigmalión en educación

Este efecto se ha constatado en las aulas, en referencia a la influencia que los profesores ejercen sobre sus alumnos. Su rendimiento y, en consecuencia, su éxito, en muchos casos, queda condicionado por las expectativas que cada profesor deposita en el alumno. En definitiva, el efecto Pigmalión puede generar cambios en la actitud de la persona para lograr lo que desea, por eso es importante ser generadores de creencias positivas hacia los demás.

Mirada apreciativa

En la misma línea del efecto Pigmalión, podemos hablar del concepto “Mirada apreciativa”. Este va un paso más allá, ya que ahonda en la importancia de la actitud que tenemos frente a nuestros hijos, de cómo nuestro lenguaje verbal y no verbal influye en su desarrollo. De ahí la importancia de transmitir a los más pequeños que les valoramos y que confiamos en ellos para que consigan sus logros. Confiar y motivar es la clave. Pero, para motivar no hay que concentrarse en lo negativo, al contrario, debemos tener un lenguaje positivo que es lo que potenciará que nuestros hijos lleguen a ser todo lo que puedan ser.

Para ello es muy importante observar y escuchar a nuestros hijos. Debemos parar y cuestionarnos por qué hacen una actividad u otra, si realmente les gusta lo que están haciendo o están invirtiendo tiempo en algo que, simplemente, lo hacen porque se lo hemos impuesto. Además, debemos dejarles espacio para que se expresen o sientan, sin prejuicios y respetando sus ideas.



Mirada apreciativa y efecto Pigmalión


4 Tips para potenciar la mirada apreciativa sobre tus hijos y tu familia:

1. Descubrir: piensa en esos momentos en que las cosas les hayan salido bien, identifica qué es lo que más te gusta de tu hijo, recuerda un momento juntos donde lo hayáis pasado bien. Ahora piensa, ¿qué has hecho para aportar a ese momento del desarrollo de tu hijo?

2. Desear: piensa en el futuro… ¿Cómo te gustaría que fuera la relación con tus hijos? ¿Qué sueñas? ¿Cómo quieres que te recuerden?

3. Diseñar: con base a los recursos identificados y a lo que deseas, prioriza qué aspectos de ti mismo vas a potenciar para mejorar la relación con tu hijo. ¿Qué vas a seguir haciendo y qué es preciso cambiar?

4. Poner en práctica: es el momento de actuar. Piensa en cómo vas a hacer lo que has imaginado. Haz una lista de acciones concretas, por ejemplo: jugar un poco más todos los días, llegar más temprano a casa, dejar de decirle palabras negativas, leer con ellos, etc… para que sea más fácil poder realizarlas.


Pigmalión y Galatea

Cuenta la mitología que, Pigmalión, famoso rey de Chipre, fue un magnífico escultor. Estaba tan dedicado a su profesión que no tenía tiempo para el amor. Pero, un día realizó una escultura de mujer en marfil blanco con una belleza inigualable. Esculpió cada uno de los rasgos y las formas con mucho detalle y cuidado. Cuando terminó la vistió con las mejores ropas y joyas. Le llamó Galatea y todas las noches iba a verla e imaginaba como sería aquella mujer si fuera de carne y hueso.

En una fiesta en honor a la diosa Afrodita, Pigmalión le suplicó de rodillas que diera vida a su obra. Cuando regresó al taller besó sus labios, como cada noche. Al hacerlo, Galatea cobró vida y se enamoró de su creador, se casaron y fueron felices para siempre.

‘Todos somos genios, pero si juzgas a un pez por su habilidad para trepar árboles, vivirá toda su vida pensando que es un inútil’- Albert Einstein