Secuelas psicológicas de la pandemia

El confinamiento y la incertidumbre, entre otros factores, pueden acarrear secuelas en la población. Estas son algunas de las secuelas psicológicas de la pandemia.

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Desde principios de siglo xx, cuando se produjo la gripe española, nunca antes habíamos vivido en el mundo una pandemia de características similares.

Para todos, en especial para nuestros mayores y para los más vulnerables o con antecedentes de enfermedad coronaria, obesidad o diabetes, que les ha supuesto el final de sus días entre nosotros, esta pandemia iba a suponer un cambio en nuestra forma de vida. 

Atrás quedan muchos días de confusión, confinamiento, incertidumbre y querer saber qué iba a ser de los nuestros, de nosotros mismos y hacia dónde nos encaminaba este dichoso virus. Nos sentábamos ante el televisor, ávidos de buenas noticias: queríamos que hablasen de un «principio del fin», de que «todo iba a salir bien» y que «de esta se sale» o de que «nadie se puede quedar atrás».

Desconocimiento, fake news, vacunas, tratamientos médicos, cambios políticos, sociales, económicos, laborales… ¿Y ahora, qué?

Secuelas psicológicas de la pandemia

Es la otra cara de la pandemia: silenciosa e inevitable.

Es necesario considerar esta circunstancia: la historia ha demostrado que el impacto de los desastres en la salud mental dura más que el impacto físico, lo que sugiere una necesidad de cuidarla porque continuará más allá que el brote de coronavirus.

Conviene reforzar los sistemas de salud psicológica, atendiendo de nuevo a los más vulnerables: aquellos con psicopatologías previas que han quedado expuestos a desregulación emocional, angustia, depresión, estrés, apatía, irritabilidad, insomnio, ira, agotamiento emocional, miedos, fobias, temores y consumo de tóxicos; los que siguen en primera línea, el personal de salud, a quienes desde esta tribuna elogiamos y enviamos un merecidísimo agradecimiento; los niños, adolescentes y adultos mayores. 

Decididamente hemos de atender el malestar, la tristeza, la angustia, la soledad, la desazón y la impotencia, que pueden aparecer en los próximos meses. Hemos vivido muy de cerca los límites humanos: ni estábamos, ni estamos preparados para una situación como la acontecida.


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Cómo hacer frente a la ansiedad por la pandemia

  • Trata de aceptar tus reacciones emocionales. Están dentro de lo esperable, y suelen ser transitorias. Si no reducen su intensidad o interfieren en el ámbito laboral, social, personal y familiar, es conveniente acudir a un especialista.
  • Reinicia progresivamente los contactos sociales previos a la pandemia. Es posible que puedas sentir que te cuesta. Somos seres sociales: no estamos hechos para vivir encerrados. Tómate el tiempo que necesites y busca apoyo en tu entorno familiar y social.
  • Cuida de los mayores y de los más pequeños. Atiende sus necesidades, sin negarlas, pero a la vez sin caprichos. Mantener una escucha atenta, sin negar lo que manifiestan, es lo adecuado. De igual manera, procura que haya alguien que lo haga contigo.
  • No intoxiques tu entorno con malas noticias o conversaciones conflictivas: busca lazos sociales de afecto y amistad.
  • Planifica tus necesidades. Prioriza la buena alimentación, el deporte y actividades de autocuidado.
  • Busca actividades en la naturaleza y practica actividades al aire libre: contempla la belleza de la naturaleza y las cosas de las que tenemos ocasión de disfrutar, con una actitud de mejora, cambio y apertura al cambio. Es verdad que todo va a salir bien, pero el cambio más importante se inicia dentro de uno mismo.