¿Es buena la multitarea?

La sobreestimulación está hoy a la orden del día. Recibimos multitud de estímulos por minuto, nuestro ritmo de vida es muy rápido y la información, sin darnos cuenta, nos sobrecarga, provocando un solapamiento constante de tareas.

Conócete

23 marzo 2018

Comparte


Este modo de vida marcado por la productividad y el éxito considera la multitarea una habilidad. Es habitual ir conduciendo, atendiendo al navegador y respondiendo llamadas de trabajo. O ir a recoger los niños al colegio y llevarlos a las actividades extraescolares cargados con el ordenador para seguir trabajando. Al final de la jornada es fácil sentirse abrumado y superado.

El cerebro humano no está preparado para atender varias tareas a la vez de forma continuada. Esto produce un agotamiento mental y físico que lleva a cometer más errores, a trabajar más despacio y, por tanto, a perder más tiempo.

La sobrecarga cognitiva disminuye los niveles de concentración, de memoria y por tanto la calidad de la ejecución. Para realizar una tarea de forma óptima hay que enfocarse bien a ella, dedicarle tiempo y atención, y dejar momentos al cerebro para que descanse.


¿Cómo afecta la sobreestimulación a los niños?

Los pequeños de la casa cada vez tienen jornadas más largas, repletas de actividades desde edades muy tempranas. Los padres tienden a tenerlos ocupados, entretenidos la mayor parte del tiempo, como si se tratara de una carrera en la que hay que dedicar todo el tiempo a prepararles para ser más listos y competentes que los demás.

La realidad es que los niños que procesan demasiada información tienen mayor riesgo de ser niños desmotivados, estresados, de presentar problemas de atención y baja capacidad de curiosidad y asombro. Son niños que aprenden rápido pero que también se cansan pronto y pueden tener más problemas para centrarse adecuadamente en las tareas que realizan.

La sobreestimulación predispone a necesitar niveles de estímulos cada vez mayores, a buscar entretenimiento y sensaciones nuevas frecuentes y cada vez más intensas. Esta sensación, lejos de ser un motor que activa el rendimiento, puede acabar provocando el abandono si no se gestiona correctamente.

Es paradójico que este estilo de vida esté reduciendo la capacidad de curiosidad por las cosas que tienen los niños y, al mismo tiempo, pretenda fomentar en ellos la creatividad, el emprendimiento y su capacidad crítica y reflexiva.


Pautas para no saturar a los niños

1.  Respetar la evolución natural del niño y sus características individuales. Estimularles sin intentar adelantar su desarrollo.

2. Cuidar los hábitos de sueño y alimentación, ya que afectan de forma significativa al desarrollo del cerebro y del aprendizaje.

3. Cuidar el desarrollo social del niño en un entorno tranquilo y equilibrado.

4. Favorecer el contacto con el entorno natural. La naturaleza tiene la capacidad de provocar el asombro y la curiosidad de los niños.

5.       Proporcionarles tiempo libre de estímulos, dejarles que se aburran para que generen sus propios intereses y lleguen a conclusiones propias.

 Las personas que no abusan de la multitarea son más eficientes.

Pautas para controlar la sobrecarga de tareas

1. Filtrar la información que se recibe, manejar solo la que interesa, la que se asocia a los objetivos personales.

2. Planificar la actividad. Destinar tiempos concretos a tareas específicas, definiendo el momento de inicio y de finalización para cada actividad.

3. Tener en cuenta que el descanso y la desconexión son necesarios. No se puede realizar un trabajo de calidad si no se da tiempo al cerebro para descansar y recargarse.

4. Abordar las tareas y actividades de una en una.Cuando se tiene sobrecarga de trabajo es importante tener en cuenta que si se aborda todo a la vez nada obtiene un buen nivel de atención, por lo que el rendimiento y la productividad serán más bajos.

5. Controlar los niveles de estrés. Dominar las preocupaciones de las tareas pendientes, programar cuando atenderlas y apartarlas de la mente hasta ese momento. Los asuntos pendientes pueden acaparar gran parte de la atención diaria, impidiendo así la concentración adecuada en lo que se está haciendo.