El movimiento Slow Food es una filosofía que apuesta por la tradición y el conocimiento en la gastronomía. Te lo contamos todo sobre "comida lenta".


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1 julio 2019

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Se trata de una forma de vida que vuelve al pasado, que reivindica alimentarse como lo hacían nuestros abuelos, eligiendo ingredientes naturales, de temporada y procedentes de productores locales o lo más cercanos posibles. Además, si aprendemos a conservar los alimentos correctamente y a planificar los menús del día a día, evitaremos caer en la tentación de la comida rápida, que hace que prioricemos el tiempo y las formas de comer, frente a la calidad y el disfrute de los alimentos.


Pero, además, es una forma de sentarse a la mesa, de comer con atención, lenta y conscientemente, de compartir con familia y amigos esos momentos. Un hábito que se ha ido perdiendo con el tiempo como consecuencia de las prisas y del ritmo frenético que tenemos en nuestro día a día.

Movimiento Slow

El movimiento Slow Food nace hace más de 30 años como reivindicación al “Fast Food” o “comida rápida” importada del mundo anglosajón. Su fundador fue Carlo Petrini, un italiano convencido de que necesitábamos ir más despacio a la hora de vivir y, sobre todo, a la hora de comer.

Actualmente, la corriente Slow Food, cuenta con más de 100.000 socios que están organizados en delegaciones propias presentes en más de 160 países, donde se reúnen de forma regular. Además, este movimiento colabora con la única universidad el mundo dedicada de forma exclusiva a las ciencias gastronómicas.

Dieta Slow Food

Este concepto de vida pretende recuperar las costumbres alimentarias saludables tan propias del Mediterráneo, consumiendo platos nutritivos y completos. Tiene la base de una dieta mediterránea, promoviendo el consumo de alimentos de proximidad, de temporada y de gran calidad nutritiva, como las legumbres, las pastas, frutas y verduras y carnes o pescados. Según esta tendencia, si comemos bajo estas premisas y con una masticación lenta, nuestra alimentación se vuelve buena, limpia y justa. Buena por su sabor y aroma; limpia porque respeta el medio ambiente y nuestra salud; y justa porque proporciona unos ingresos sostenibles.




Beneficios de practicar Slow food

Según los expertos, sentarse alrededor de la mesa y comer despacio también tiene beneficios para nuestro organismo, ya que, si comemos de forma más lenta, consciente y saboreando los alimentos, sin darnos cuenta masticamos más la comida y esto tiene múltiples beneficios para nuestra salud:


 Masticar nos ayuda a tener una buena digestión. Al mezclar los alimentos con la saliva vamos triturando y deshaciéndolos, lo que favorece a combatir los gases, evitar dolores estomacales, digestiones pesadas, etc.

Además, al masticar generamos más saliva y, por tanto, más enzimas, que son básicas para que nuestro organismo pueda asimilar todos los nutrientes, minerales y vitaminas que contienen los alimentos.

También, cuanto más masticamos la comida liberamos más hormonas que mandan al cerebro la señal de saciedad, hecho que hace que comamos menos, por lo que es un buen método para cuidar la línea.


Aprovecha las vacaciones y reivindica la sobremesa

La sobremesa es una costumbre española que cada vez practicamos menos. Aprovecha el momento estival para introducirla y mantenla, en la medida de lo posible, en tu día a día a la vuelta de las vacaciones. A continuación, te damos 4 ideas para disfrutar de la sobremesa:


 La charla. La tertulia después de las comidas es una de las mejores terapias que tenemos, ya que nos ayuda a socializar y a fortalecer los lazos de unión, ya sea con la familia o con amigos. Además, conversar tranquilamente junto con los compañeros de mesa incrementan el placer de la convivencia.  

 La siesta. Está demostrado que hacer la siesta mejora nuestro funcionamiento cognitivo, la memoria, reduce el estrés e incluso nuestro estado de ánimo. La Agencia Espacial Norteamericana (NASA) estableció en 2011 que el tiempo adecuado para una siesta modélica es de 26 minutos. Dos años después, la Escuela Médica de Harvard y la Clínica Mayo establecieron, tras una investigación, que la siesta debe durar entre 20 y 30 minutos.

 Tiempo de descanso. Si eres de los que no quiere hacer siesta, ni estar sentado en la mesa, aprovecha estos momentos de descanso para ti. Desconecta, apaga el móvil, lee, escucha música, tómate tu tiempo y respira. Despejar la mente y descansar el cuerpo nos ayuda a reponer energías.

 Juegos de mesa. Prolongar la comida con un buen juego de mesa hace que nos relajemos y asimilemos mejor los alimentos. El parchís, el dominó, cualquier juego de cartas o un bingo casero son garantía de risas, recuerdos y buenos momentos.