La brecha digital pone trabas al acceso y conocimiento de uso de las nuevas tecnologías. Descubre qué es y las consecuencias que acarrea.

Tema del mes

Comparte

La pandemia ha acelerado la digitalización de muchas actividades cotidianas, la forma de trabajar y hasta de relacionarnos los unos con los otros. Las llamadas tecnologías de la información y la comunicación (TIC) nos ofrecen numerosas ventajas, como un mayor acceso a la información, inmediatez, reducción de costes y tiempos o una mayor conectividad entre las personas. Pero… ¿sabías que la digitalización no es igual en todo el mundo, ni para todo el mundo? Existe un desequilibrio llamado brecha digital que afecta a distintos grupos sociales de la población, pero, sobre todo, a uno: a nuestros mayores. A continuación te contamos qué es la llamada brecha digital, de qué forma afecta a esta parte de la población y, sobre todo, cómo podemos ayudarles. 

Qué es la brecha digital

Entendemos como brecha digital la desigualdad en el acceso, uso o impacto de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) entre diferentes grupos sociales, ya sean geográficos, económicos, culturales, de discapacidad, de género o de edad. Hoy en día, atendiendo a estas razones, podemos hablar de dos tipos de brecha digital:

  • La brecha de acceso: hace referencia a la imposibilidad que tienen algunos grupos de acceder a este recurso. Aunque las causas son muy diversas, suele estar relacionado con diferencias socioeconómicas entre las personas y entre los países, ya que la digitalización requiere inversiones e infraestructuras costosas. 
  • La brecha de uso: hace referencia a la carencia de competencias digitales que impide el manejo de las TIC, tanto para uso personal como profesional.

La brecha digital en las personas mayores

Hoy en día, la tecnología afecta a casi todos los aspectos de nuestra vida diaria. Este cambio, que empezó con la llegada de internet, ha sido progresivo a lo largo de los años, pero la pandemia mundial provocada por la covid-19 en 2020 propició el traslado de gran parte de la actividad a entornos online, incluidos algunos servicios esenciales como la sanidad o las finanzas. Las personas mayores se vieron abocadas a este cambio sin estar preparadas y esto acrecentó, todavía más, la brecha digital que ya había en este sector de la población.


En España, la mayor brecha digital que existe se da entre aquellas personas mayores de 65 años. El Barómetro de la Unión Democrática de Pensionistas y Jubilados de España (UDP) marca la dimensión de esa brecha digital: el 40,5% de las personas mayores afirma que nunca ha accedido a internet. Esto se debe a varias razones: 

  • Se han visto abocadas a una completa digitalización. Servicios que pensaban que podrían utilizar con normalidad se han digitalizado y ya no pueden acceder a ellos. 
  • No han recibido formación tecnológica en el pasado. 
  • Desinterés por aprender, ya que no pensaban que fuesen a necesitar formación tecnológica para realizar sus actividades cuotidianas en el futuro.
  • No disponen de internet o de herramientas tecnológicas, tales como ordenadores o smartphones. 

Cómo podemos ayudarles: el papel de la sociedad

Las consecuencias de esta brecha digital son evidentes y afectan a muchos aspectos, como, por ejemplo, el hecho de no poder realizar gestiones sanitarias o administrativas, gestiones bancarias o compras online. Pero, sin duda, la mayor consecuencia de esta brecha digital se ha dejado ver a raíz de la pandemia: la soledad. Con todo lo que nos han ayudado a lo largo de nuestra vida nuestros padres y abuelos, ahora está en nuestra mano romper, en la medida de lo posible, esta brecha digital y acercar a nuestros mayores a la tecnología. ¿Cómo podemos hacerlo?

  • Mediante la ayuda: mostrarnos siempre dispuestos a ayudarles en cualquier gestión digital que necesiten. Que no tengan miedo o vergüenza de buscarnos o molestarnos. 
  • Enseñar nociones básicas: explicarles que, en el mundo en el que vivimos, es necesario tener unas competencias digitales mínimas que les serán muy útiles en su día a día. Por ejemplo, aprender a usar un smartphone para realizar videollamadas o enviar mensajes de voz y estar más conectados con su familia o amistades.
  • Apuntarles a programas de alfabetización digital: infórmate en tu ayuntamiento o centro social más cercano sobre cursos de nociones básicas sobre el uso de internet. ¡Siempre hay alguno disponible!
  • Darles la máxima información posible: para evitar confusiones o el temido phishing (estafa que tiene como objetivo obtener a través de internet datos privados de los usuarios, especialmente para acceder a sus cuentas o datos bancarios), les podemos crear una cuenta de PayPal para mayor seguridad y enseñarles que nunca pinchen en enlaces ni den sus datos bancarios.

La familia juega un papel esencial a la hora de acercar a los mayores a la tecnología, pero también está en nuestra mano tener un poco de empatía y ayudar a estas personas desde nuestro trabajo, ya sea con paciencia o usando fórmulas de acceso a servicios digitalizados más fáciles e intuitivas para ellos.